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La mayor parte de las personas mayores disfrutan de una salud que les permite vivir de manera independiente, pero en ocasiones, necesitan ayuda para tareas de su vida diaria. Aquí es donde aparece la figura del cuidador, puede ser un miembro de la familia el que apoye y ayude a las personas mayores, pero en otras ocasiones pueden ser personas cualificadas contratadas por la familia.

Cuidar de otras personas implica realizar una serie de actividades muy variadas, desde ayudar en las tareas de la casa o de la vida cotidiana, acompañamiento a citas, ayuda para la higiene personal, hasta la administración de su dinero. Los cuidadores son un referente muy importante para las personas cuidadas y tienen una gran relevancia para ellos, sobre todo en el tratamiento de personas que sufren algún tipo de deterioro, ya que actúan como una fuente de apoyo y ayudan a mantener ese tratamiento que está en marcha siguiendo las recomendaciones de los profesionales al mando.

Si estás cuidando de un familiar esto probablemente suponga una reorganización de manera temporal tu día a día, con todo lo que esto conlleva. Este cuidado puede ocasionar consecuencias familiares, emocionales, sobre la salud, laborales, puede provocar dificultades económicas y disminuir la frecuencia de tareas de ocio.

Cada situación de cuidado es diferente y puede provocar distintos efectos en el cuidador. Para que esta relación de cuidado sea lo más fructífera posible, es necesario tener en cuenta el estado del cuidador, el cuidador también debe cuidarse a sí mismo. Por ello, a continuación encontrarás una serie de pautas para reconocer la existencia de problemas o sobrecargas en el cuidado y unos consejos para hacer del cuidado una etapa más llevadera.

En primer lugar, párate a pensar, dedica tiempo a reflexionar cómo te encuentras, qué sientes, cuáles son tus preocupaciones, etc. Darse cuenta de esto es el primer paso para poder buscar una solución. Es necesario que atiendas a las señales que te manda tu cuerpo o incluso las personas de tu entorno, ya que pueden ser indicadores de que no estás bien. Algunas señales son problemas de sueño, aislamiento, consumo excesivo de bebidas con cafeína, alcohol o tabaco; problemas físicos relacionados con la ansiedad; dificultad para concentrarse, cambios frecuentes de humor, etc.

Cuando notes alguna de estas señales busca ayuda en tus familiares, recurrir a servicios, instituciones o asociaciones si así se requiere, establecer unos límites de cuidado y planificar. Además de cuidar tu propia salud, que es muy importante, y aprender a sentirte bien, controlando el enfado o la irritabilidad, aliviando la tristeza y alejando los posibles sentimientos de culpa que puedan aparecer.

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